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La suspensión de clases por el alcoholizado carnaval de Xalapa, tiene un aspecto que vale la pena comentar. Al parecer, para algunas autoridades educativas y ciertos sectores magisteriales es mal visto que ciertas escuelas particulares sí trabajen porque hacen ver mal a quienes cierran las aulas por cualquier pretexto; incluso, mereció un raro y negativo manejo periodístico el que la preparatoria “Oficial B” realizará sus actividades normalmente. Estamos ante un caso en el que se puede pensar que predominan los antivalores: si no te alineas al absurdo, eres mal visto.
Casos similares los encuentras en los ámbitos labores, sobre todo en la burocracia, y en la política partidista. Aquel que llega con ganas de trabajar, que cumple sus horarios, que es atento con el público y que pone un esfuerzo extra, no sólo es tratado como extraterrestre sino que es combatido hasta alinearlo en las reglas del sistema o simplemente es expulsado del paraíso del “ ahí se va” y la simulación. En el campo de la política partidista basta soplar ligeramente para que surjan ejemplos de antivalores por todos lados, independientemente de los colores y las siglas; esos rasgos están en el discurso, en la operación y en funciones que deberían ser tan sustanciales como las ejecutivas y legislativas; de hecho, es difícil distinguir entre la persona real y el personaje político que se va inventando, poco a poco, hasta actuarlo cotidianamente. La crisis de valores democráticos, agravados por el ejercicio precario de valores morales y la casi desaparición de referentes ideológicos, ofrece un espectáculo deprimente del escenario de la política partidista, reforzado actualmente por precampañas electorales frívolas e intranscendentes. En mi experiencia, con todo y que mi militancia se da en la supuesta izquierda política, los golpes de realismo han sido devastadores: pura farsa, trampas y corrupción. En el fondo, he observado la renuncia casi generalizada a intentar algo distinto y asumirse con vocación de poder. El valor es bien, éste es mejora, nos remite a acciones buenas. El valor es propiedad de las personas, es lo que vale. Entre los valores subrayo a la libertad, a la honestidad, a la tolerancia, a la justicia y a la humildad. El antivalor es, como su nombre lo indica, lo contrario a las definiciones anteriores, más bien tiene que ver con actitudes negativas y nos conduce a ciertos grados de deshumanización; entre los antivalores destaco la deshonestidad, la soberbia, la enemistad, la envidia y la ignorancia. De alguna manera se ilustran los ambientes y las actitudes a que me he referido, en el sentido de que si quieres hacer las cosas bien, eres mal visto y hasta rechazado, quedándote en la disyuntiva del conformismo – mimetismo o la rebeldía, que es un acto de conciencia que se puede quedar en tu satisfacción personal o trascender a efectos colectivos. Son muchos los que en diferentes espacios y en diversas formas rompen las reglas, escritas o no, que día a día reproducen autoritarismo y simulación. No es de extrañarse que sean vistos como “loquitos”, que sean excluidos y maltratados. Lo curioso es que, casi siempre, esos tercos inician la organización que provoca los grandes cambios. Hoy por hoy, la lucha es contra la unanimidad y contra la simulación; la lucha es por encontrar un sentido a la labor social y política; por eso, asomarse a los valores es una buena oportunidad de inspiración, da fortaleza y futuro. Recadito: Vienen nuevas movilizaciones para regresar tranquilidad y seguridad a los vecinos de la Avenida Lázaro Cárdenas. Xalapa-Equez., Ver., a 20 de marzo de 2009
Uriel Flores Aguayo.
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