El sistema de Xalapa

Que si empresario, que si joven, que si mujer, que si político, que si esto o lo otro, debe ser el presidente de Xalapa; pero no, ese no es el caso, la persona en si no es el problema ni la solución, se trata del sistema con que se gobierna a nuestro municipio. En su transformación, que no será suave, radican las posibilidades de que Xalapa sea un lugar más habitable y más humano, donde nos rijan leyes aplicadas sin excepción. Cuando hablo del sistema estoy refiriéndome a estructuras de poder que entrelazan a la política con la economía y que se sostienen con determinados mecanismos y formas.

El debate, entonces, está más allá de la personalidad y las simpatías del presidente de cada trienio, no es un asunto personal. Puede ser muy capaz, experimentado y tener buenas intenciones pero mientras no rompa con el sistema de control estará supeditado a intereses de grupos y particulares.

 En estos días, en la propaganda que burdamente disfrazan de lo que sea, los precandidatos informales a ese cargo municipal no pasan de decir simplezas y generalidades. Son más de lo mismo, no tienen ni idea de lo que requiere Xalapa para salir adelante y superar sus rezagos. Hablan de una visión que no se expresa en posturas, ideas o propuestas ante los grandes problemas que no han tenido solución: marginación social, inseguridad, problemas viales, anarquía del comercio “ambulante” e invasión de áreas verdes y de equipamiento, entre otros.

 Las próximas elecciones municipales deben ser aprovechadas en Xalapa para salir del círculo vicioso, romper con el sistema dominante y abrir expectativas de una ciudad que sea digna capital del estado. Sólo se requiere autonomía política, honradez y valor democrático para hacer algo trascendente por la “Atenas Veracruzana”.

 En primerísimo lugar hace falta un gobierno municipal fuerte, que vaya más allá de la visión regencial y que asuma, con independencia, las funciones que le corresponden. Los ciudadanos deben ser escuchados y atendidos por esa que es la primera instancia de gobierno.

 Un ayuntamiento fuerte, sin ataduras clientelares, será implacable en la aplicación de la ley, acabará con vicios y privilegios de vivales y será justo con los xalapeños de bien, que son la inmensa mayoría. Varios de los problemas más visibles que confronta la actual autoridad municipal son un retrato vivo de todo lo que no se debe hacer: supeditar el interés colectivo al particular, permitir anarquía que atenta contra los ciudadanos, ser víctima de chantajes y ofensas de grupúsculos encabezados por personajes impresentables. Por cuestiones partidistas el ayuntamiento no aplica la ley y permite todo tipo de irregularidades ya no solo en la vía pública y espacios comunes sino hasta en sus propias instalaciones.

 Xalapa será distinta si los que la gobiernen no la utilizan únicamente como plataforma para sus carreras políticas, tal y como ha ocurrido hasta ahora. Quien sea presidente municipal debe comprometerse a permanecer en el cargo hasta el último día del trienio correspondiente. Una postura diferente entraña poca responsabilidad, desprecio a un buen gobierno y a los xalapeños.

 Lo más importante que debe venir para Xalapa es un gobierno con visión y compromiso sociales, que defina e impulse claramente políticas y programas de esa naturaleza. No debemos seguir con el asistencialismo tradicional que fomenta vicios sociales y es regresivo en sentido democrático. Si no actuamos ahora en el escenario de descomposición social en que transcurre Xalapa, con el previsible incremento delincuencial debido a la crisis económica, después nos arrepentiremos de habernos estancado en la politiquería y en vulgares ambiciones.

Recadito: Foro del FAS sobre la problemática de Xalapa, 25 de febrero.

 

Xalapa-Equez., Ver., a 12 de febrero de 2010


Uriel Flores Aguayo

www.urielflores.org.mx